Había una vez una taberna donde solíamos brindar con un vaso o dos
recordando cómo nos reíamos durante horas y soñábamos con todas las grandes cosas que nos gustaría hacer.
Aquellos eran los días mi amigo, que pensábamos que nunca acabarían,
solíamos cantar y bailar siempre y un día hemos vivido la vida que elegimos
y hemos luchado para nunca perder éramos jóvenes y estábamos seguros de tener una meta.
Por la puerta llegó una sonrisa familiar, vi tu cara y te oí decir mi nombre
o mi amigo, somos más viejos pero no más sabios y en nuestros corazones,
los sueños siguen siendo los mismos.