Cansado, sobre todo,
de estar siempre conmigo, de hallarme cada día,
cuando termina el sueño, allí, donde me encuentre,
con las mismas narices y con las mismas piernas;
como si no deseara esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
Oliverio Girondo