miércoles, 8 de abril de 2009

No puedo pegar ojo, una vuelta en mi cama y pienso en ti, dos y te extraño, a la tercera te quiero un poco más y a la cuarta te anhelo.
En la vigésimaquinta me vuelvo loco, entre la noche y el cantar de los grillos que a veces me parecen pajáros.

Cuando pierdo la cuenta de vueltas que he dado, prefiero cerrar los ojos, respirar profundo y ver tu imagen o quizás prefiero comenzar a soñarte.